Angustia – una experiencia emocional profunda y compleja

Angustia – una experiencia emocional profunda y compleja

angustia

La angustia es una experiencia emocional profunda y compleja. No es solo tristeza, miedo o preocupación, sino una mezcla intensa de sensaciones que suelen sentirse tanto en la mente como en el cuerpo.

 

¿Qué es exactamente la angustia y qué síntomas puede tener?

Desde el punto de vista psicológico, la angustia aparece cuando una persona percibe una amenaza difusa, algo que no siempre puede nombrar con claridad. A diferencia del miedo (que suele tener un objeto concreto), la angustia es más vaga, más difícil de localizar: es un “algo no está bien” que invade. Sin embargo, ese “algo” es una respuesta a algo real, a un acontecimiento o circunstancia que estamos viviendo, aunque no necesariamente a un problema concreto, visible o inmediato, por eso se hace tan difícil de localizar y de entender por qué nos sentimos mal. Podríamos decir que es una sensación confusa que nos genera mucho malestar y que tiene, además, unas manifestaciones físicas en nuestro cuerpo que contribuyen a aumentar el malestar. Tales síntomas pueden ser:

    • Opresión en el pecho.
    • Nudo en el estómago o en la garganta.
    • Dificultad para respirar.
    • Inquietud, tensión o cansancio.
    • Palpitaciones o mareo.

Como vemos, son síntomas totalmente compatibles con un cuadro de ansiedad. En lo mental y emocional, suele venir acompañada de:

    • Pensamientos repetitivos o catastróficos, negativos e intrusivos.
    • Sensación de pérdida de control.
    • Inseguridad, vacío o desorientación.
    • Necesidad urgente de escapar o de que algo cambie

Filosóficamente, pensadores como Kierkegaard o Heidegger hablaron de la angustia como algo ligado a la libertad y a la conciencia de la existencia: nos angustia elegir, decidir, asumir que la vida no tiene garantías y que somos responsables de lo que hacemos con ella.

 

Angustia como señal

Sin embargo, aunque muy incómoda, la angustia, la mayoría de las veces, funciona como una señal y nos indica que algo importante necesita nuestra atención: una decisión postergada, un conflicto interno, una vida que no está alineada con lo que sentimos o deseamos. De ahí que sea importante escucharnos, hacer un ejercicio de introspección para iniciar un proceso de cambio y autoconocimiento, porque, desgraciadamente, la angustia no señala el problema como un cartel luminoso. No nos dice “esto es lo que pasa”, sino “algo no está bien”. Es una respuesta auténtica, pero mal traducida, como si nos hablase en un idioma diferente.

Cuando la angustia se vuelve muy intensa, frecuente o paralizante, y empieza a interferir con la vida diaria, pedir ayuda profesional no es una debilidad, sino una forma de autocuidado.

 

¿Qué puede generar angustia?

Entre las cosas que nos pueden generar angustia podemos encontrar: 

    • Un conflicto interno (querer y no querer algo al mismo tiempo).
    • Una pérdida (de trabajo), un duelo (por un ser querido o una mascota), una ruptura (de amistad, de pareja).
    • Una decisión importante que no se toma.
    • Una vida disociada que no coincide con lo que uno necesita o desea.
    • Una amenaza a la identidad, a la seguridad o al sentido de la vida.

A veces, puede ser también:

    • Que el problema sea antiguo (algo no resuelto del pasado).
    • Sea inconsciente (no accesible fácilmente con la razón).
    • O que sea existencial (no tiene una solución práctica clara, como el paso del tiempo, la finitud, la soledad, el sentido).

Es importante entender que cuando aparece la angustia, podemos mantenerla o intensificarla con factores físicos, cognitivos o emocionales como estrés prolongado, cansancio, hipervigilancia y/o pensamientos rumiantes, consiguiendo así una retroalimentación constante de la angustia. 

En conclusión, parece que la angustia, aun siendo real, no es capaz de hablar nuestro mismo idioma, lo que nos dificulta entender por qué está presente en nuestra vida en un momento determinado. Por lo que es importante dedicar un tiempo a evaluar nuestra situación a fin de determinar qué es eso que nos genera tal angustia. La introspección y el autoconocimiento son fundamentales en estos momentos. Si tienes síntomas propios de la angustia, pero te cuesta identificar el motivo, piensa en pedir ayuda a un profesional de la salud mental.

 

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