Sobre las emociones sociales…
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La culpa y la vergüenza
La culpa es una emoción más privada y la vergüenza es más pública ya que la culpa es algo muy relativo que puede depender de cada persona, de la sociedad, de la cultura, etc., en la que nos encontremos. A la vista está que lo que para unas culturas es un delito o algo ilegal, para otras no es así. Además, el factor personal es igualmente importante, ya que cada persona tendrá unos valores particulares que le harán sentirse más o menos culpable.
Algo parecido sucede con la vergüenza, otra una emoción social por excelencia. La vergüenza está muy relacionada con el miedo a que los demás descubran nuestras vulnerabilidades. La vergüenza es la que, por un lado, nos hace querer ser invisibles en determinados momentos, pero, por otro lado, también puede empujarnos a ser mejores, más perfeccionistas para sentirnos adecuados.
Sin embargo, el problema es que la vergüenza puede llevarnos a la frustración cuando somos incapaces de realizar una actividad debido al sentimiento o a la percepción de inadecuación y esto es habitual que suceda por haber tenido experiencias negativas previas.
El orgullo
En cuanto al orgullo, es importante entender la diferenciación entre el orgullo positivo y el orgullo negativo. El orgullo positivo es el que hace que una persona se sienta bien consigo misma, bien por motivos propios o por los logros conseguidos, y es un orgullo necesario y totalmente beneficioso. Sin embargo, el orgullo negativo es el que consiste en un sobre exceso de arrogancia, que nos lleva a rechazar a determinadas personas y hace que, a su vez, seamos rechazados por esas y otras personas. El enfoque que aporta el psicoanálisis es que detrás del orgullo y la arrogancia conscientes a menudo hay vergüenza e inseguridad inconscientes.
Envidia
Igualmente, hay que diferenciar entre envidia sana y envidia maliciosa. La envidia negativa, en cualquier caso, puede resultar beneficiosa si estimula a la persona a desarrollar determinadas habilidades y competencias, aunque la persona consciente de su envidia puede tener llegar a tener sentimiento de culpa, si bien todo dependerá de su cultura y educación. Este tipo de envidia aparece ligada a ruindad y a la traición.
La envidia sana es positiva en cuanto que mueve al individuo a su propia realización. La envidia emerge de la comparación con los demás y suele aparecer en la infancia cuando, en lugar de disfrutar de las virtudes o de los éxitos de los demás, tendemos a criticarlos quitándoles importancia. Esta estrategia errónea nos sirve para no sentirnos inferiores frente a los demás, pero acaba causándonos muchos problemas a largo plazo. Trabajar la tolerancia a la frustración desde la infancia es algo imprescindible y fundamental para una sana gestión de la envidia.
Celos
Los celos “románticos” que surgen en las relaciones de pareja es otro tema diferente. Hay personas que son celosas, personas que no y otras que, aun siendo celosas, no lo exponen públicamente porque saben que se trata de algo nocivo, lo cual no quiere decir que no lo “sufran” en silencio.
