Cuando las ganas no acompañan.

Todas las personas hemos sentido en algún momento que no tenemos ganas de hacer nada. Esta falta de motivación o energía puede deberse a diferentes factores que habrá que analizar en cada caso. Los principales factores son:

  • Cansancio físico.
  • Astenia o anemia.
  • Estrés/ansiedad.
  • Falta de actividad u objetivos.
  • Problemas de insomnio.
  • Enfermedades o vivencias traumáticas.
  • Depresión.
  • Etc.

Además, otra de las consecuencias que nos ha traído la pandemia que estamos viviendo es la ya denominada fatiga pandémica. La situación de incertidumbre que estamos padeciendo en diferentes aspectos de nuestra vida están influyendo, también, en que nos sintamos cansados, hastiados y cada vez con menos ganas de hacer cosas.

Se dice que el ser humano es perezoso por naturaleza y, aunque puede parecer algo muy negativo, debemos a esta “facultad” el logro de optimizar nuestros movimientos para ahorrar la mayor cantidad de energía posible. Así lo constatan un grupo de investigadores canadienses, quienes han demostrado que es el sistema nervioso el que induce a realizar el mínimo esfuerzo (Selinger et al, 2015).

¿Qué nos lleva a la apatía?

En primer lugar, debemos entender cómo funcionamos las personas cuando entramos en ese “bucle” de cansancio. Así el no hacer nada nos lleva a sentirnos mal y a tener problemas físicos, pero, sin embargo, eso no nos impulsa a ponernos en marcha, al contrario. Se produce un efecto de bola de nieve y cada vez tengo menos ganas de iniciar una actividad. Este bucle nos lleva a sentimientos invalidantes y de culpa que nos llevan a pensar que, definitivamente, no podemos conseguirlo y nos vemos incapaces. En muchos casos, utilizamos excusas para evitar hacer cosas, lo cual no deja de ser, la mayoría de las veces, un autoengaño. Esta situación nos lleva a un mayor cansancio y abulia. Podéis verlo más claro en el siguiente pictograma.

Pictograma apatía

¿Cómo podemos aliviar esta situación de cansancio “crónico”?

En primer lugar, es importante que conseguir un cambio, por pequeño que sea, es algo que conlleva una buena dosis de esfuerzo. En este sentido, las personas debemos entender que conseguir revertir una situación en la que nos hemos “acomodado” por un largo período de tiempo no es una tarea fácil y rápida. Es por ello por lo que debemos empezar por romper ese círculo haciendo algo, una pequeña cosa, algo diferente a lo que hemos estado haciendo hasta la fecha. No tiene que ser algo grande ni importante, porque, además, es bastante inocente pensar que, de repente, vamos a iniciar algo así cuando nuestras fuerzas no nos acompañan. Una pequeña cosa, acción o iniciativa puede ser la diferencia que nos dé la suficiente fuerza y motivación para sentirnos capaces de conseguir salir de esa situación apática en la que nos encontramos. En este pictograma reflejamos como sería la secuencia.

Pictograma romper apatía

Desde nuestro centro psicológico, os animamos que penséis en un objetivo realista y realizable. Tiene que ser algo sencillo, fácil de llevar a cabo. Pero si lo que tenéis en mente en un objetivo grande, entonces habrá que descomponerlo en pequeñas metas. Así, os proponemos que os imaginéis que vuestro objetivo es como una pizza, la cual debéis partir en porciones para poder facilitar su ingesta. Así, cada porción será esa pequeña meta diaria que os ayudará a conseguir vuestro objetivo. Eso sí, la constancia es algo primordial en todo este proceso, por lo que esa pequeña porción de “pizza” debe ser algo diario, continuo en el tiempo.

Pictograma dividir objetivos

Y recuerda que, como seres perezosos que somos, también podemos disfrutar no haciendo nada, pero no debemos convertirlo en nuestro estilo de vida.

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