Hipocondría, la ansiedad por la salud.

La hipocondría es un trastorno mental caracterizado por una preocupación constante y obsesiva hacia la propia salud y por una tendencia a exagerar el sufrimiento, que puede ser, o no, real.

Denominada trastorno de ansiedad por enfermedad en el DSM-5, la hipocondría es el miedo o el convencimiento de padecer una enfermedad grave, o la posibilidad de contraerla, a partir de la interpretación personal y errónea de sensaciones corporales o síntomas.

Chica preocupada
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El nivel de miedo, preocupación y ansiedad es muy elevado y lleva a la persona que lo padece a un control constante de su propio cuerpo en la búsqueda de síntomas.

Hay diferentes factores que pueden explicar la hipocondría. En algunos casos se debe a un aprendizaje familiar propiciado por la excesiva sobreprotección de algunos padres con sus hijos. Otros casos tienen como factor común la propia vulnerabilidad de la persona, que ha perdido confianza en sí misma tras sufrir una enfermedad o estrés máximo y puede confundir los síntomas de agotamiento con alguna enfermedad. También puede darse el supuesto de personas que hayan vivido muy de cerca la enfermedad de algún familiar o alguien próximo y desarrollen la hipocondría por aprendizaje vicario, a través de esa otra persona. Por último, existe un factor que puede estar inducido por los propios sanitarios al generar incertidumbre en el paciente ante un diagnóstico dudoso.

Las personas con hipocondría tienden a buscar constantemente explicación a sus síntomas, en un primer momento con médicos y especialistas, intentando buscar una explicación biológica a sus problemas. Después buscando en internet (efecto Dr. Google), preguntando en foros, etc. Además, suelen estar socializando continuamente sobre su “enfermedad” con amigos y familiares, algo que, en muchas ocasiones, les lleva a sentirse rechazados.

Estas personas suelen estar hipermedicadas, como resultado de la propia automedicación o de la visita a diferentes profesionales. En cualquier caso, son personas que están siempre pendientes de su cuerpo, haciendo una escucha y un control continuo de cualquier síntoma posible, convirtiéndolo en un círculo vicioso que, a su vez, les lleva a una mayor ideación hipocondriaca. El resultado es que se convierten en personas con una ansiedad cada vez mayor que, finalmente, les conduce a la evitación de muchas situaciones por miedo a enfermar.

Si bien no hay un tratamiento farmacológico para la hipocondría (a veces se recetan antidepresivos o ansiolíticos para paliar síntomas), es un trastorno que se puede curar. La intervención psicológica no está exenta de complicación, ya que la persona tiende a mantener la creencia de que algo físico le está sucediendo. Por lo tanto, la terapia debe estar dirigida a reestructurar esas creencias, para lo cual es necesaria una buena alianza terapéutica entre la persona afectada y el/la psicoterapeuta.

En Terapias Ágora trabajamos desde dos enfoques distintos, pero igualmente eficaces que son la Terapia Cognitivo Conductual y la Terapia Breve Estratégica.

La situación actual que vivimos puede ser un caldo de cultivo muy negativo para las personas que padecen o pueden padecer hipocondría, sobre todo para aquellas que se obsesionan con la búsqueda de información acerca de la enfermedad. Es por ello por lo que, desde Terapias Ágora, recomendamos el mantenimiento de unas rutinas que incluyan ejercicio físico, tiempo de ocio y tiempo para disfrutar en familia (si se convive con ella). Además, conviene evitar la sobreinformación acerca de la pandemia y realizar algún ejercicio de relajación en la medida de sus posibilidades.

Chica mirando móvil
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En cualquier caso, es posible que, durante estos días, algunas personas experimenten muchos temores debido a la situación excepcional que vivimos. Es conveniente aclarar que es una reacción normal, ya que es producto de una realidad, y que esos miedos o temores son una respuesta natural de supervivencia en las personas.

Por lo tanto, es presumible que, una vez pasada la pandemia del Covid-19, todo vuelva a la “normalidad”, pero si no es así, la mejor opción es consultar con un profesional de la salud mental para que pueda realizar una evaluación y una intervención si fuera necesario.

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