Rutinas de confinamiento

La situación actual debida al virus COVID-19 es totalmente inesperada y no creo que ninguno de nosotros hubiéramos podido imaginar algo parecido. Ninguna persona está preparada para esto y nos parece imposible, ya que, de repente, toda nuestra vida social desaparece de la noche a la mañana.

Nos vemos obligados a quedarnos en casa y sentimos miedo por toda la avalancha de la terrible información que nos llega desde fuera, pero no tenemos ninguna otra opción, sólo adaptarnos y permanecer en nuestros hogares.

Mujer mira por la ventana
Alexandre Chambon

En el mejor de los casos, algunas personas pueden trabajar desde casa, por lo que, de alguna manera, sus rutinas, sin ser las mismas, pueden mantener un orden y un criterio, pues no debemos olvidar que el trabajo es lo que nos organiza la vida a la mayoría de nosotros/as.

Sin embargo, muchas otras personas han perdido temporalmente su trabajo, con lo que esto conlleva, no solo en cuanto a la organización de la vida, sino también desde el punto de vista económico, por lo que tienen añadida una aún mayor preocupación e incertidumbre.

Siendo así, llama la atención que buena parte de los profesionales de la psicología insistamos en la importancia de las rutinas (que lo son), pero habría que añadir ¿qué rutinas?

Ante el panorama expuesto, es obvio que resulta irreal pretender que determinadas personas deban mantener unas rutinas que ya no se corresponden, en absoluto, con su situación actual, por lo que lo básico no es mantenerlas, sino plantear otras nuevas. Lo importante es dirigir a esas personas a actividades y horarios que se adapten a su situación actual, dando prioridad a actividades que realmente les motiven y, por qué no, les entretengan.

Si nunca han sentido inclinación por ir a un gimnasio, difícil será que, de repente, le surja ese interés, y más en su propia casa, es raro que ahora le apetezca hacerlo; ahora bien, si es así, adelante, pero no por el mero hecho de ver en la televisión o redes sociales que otras personas lo hacen.

Seguro que todo el mundo tiene en mente algunas actividades que siempre le apeteció hacer y nunca pudo, generalmente por falta de tiempo, por lo que es hacia esas concretas, sean las que sean (dibujar, pintar, cocinar, hacer sudokus, aprender macramé, idiomas, tejer, un sinfín de opciones) hacia las que debemos orientarles.

Café y lectura
Anthony Tran

Un buen ejercicio previo será orientar a estas personas a hacer una lista de actividades sobre la que ir seleccionando las que más le apetezcan, ya que lo importante es que exista una cierta ilusión por ellas; pero, y ahí está la clave para limitar, en la medida de lo posible, momentos de frustración, ¿qué sucede si un día esa persona no tiene ganas de hacer nada?

Pues hay que transmitirle que no pasa nada, absolutamente nada.

Todos/as tenemos días de esos en los que no nos apetece hacer nada, máxime en la situación actual, y por ello es básico que sepan que no deben sentirse mal por no tener ganas de hacer nada o por no querer vestirse un día.

En una situación totalmente atípica que nos tiene desbordados/as y con las emociones bastante descontroladas, no es conveniente infundir la idea de que es obligado levantarse o hacer necesariamente determinadas cosas, además a ciertas horas que ya no tienen ningún sentido.

Y también queremos transmitir que, si llega ese momento, tampoco es malo sentirse mal, forma parte del momento y forma parte de la vida, no debe preocuparles, ello no significa que vayan a estar así todos los días ni que sea un impedimento para volver a sus rutinas reales cuando todo esto pase, al igual que ocurría todos los años después de un periodo vacacional.

Todos y todas sabemos que la vuelta a la rutina también tiene un coste (basta recordar el tan traído y llevado síndrome posvacacional), pero lo importante es que sepan que, en un corto espacio de tiempo, volverán a estar en su orden habitual.

Así que transmitamos que nunca debe ser motivo de agobio o preocupación si algún día trasnochan de más o se duermen por la mañana hasta más tarde, o no han seguido sus nuevas rutinas a rajatabla, ya que lo importante es intentar pasar esta situación de la mejor manera posible, adaptándose en la medida de sus posibilidades y no exigiéndose tanto, ya que, como decíamos al principio, ninguna persona está preparada para esto.

Mujer relajada
Natalia Figueredo

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